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¿Feliz o triste? ¿Eufórico o sentimental?
Nuestras elecciones al momento de sentarnos a la mesa se ven afectadas por nuestros estados de ánimo.
Si estamos contentos nuestra elección de alimentos será carne o pizza, en cambio, si estamos desanimados será helado o galletas. Esto es lo que llamamos “alimentación emocional” y la satisfacemos con “comida reconfortante” o “comfort food”, es alimento para los sentimientos y comer sin la sensación de hambre. Cuando el disparador del hambre es psicológico y no fisiológico.

Cómo diferenciarlos

Según investigaciones del asesoramiento psicológico y médico de la Universidad de Texas, existen varias diferencias:
1- Nos embiste, el hambre emocional llega repentinamente.
2- Esas ganas de “algo”, el “antojo” de una comida específica y que sólo eso nos satisfaga. Cuando comemos porque realmente tenemos hambre no necesitamos un plato específico.
3- Como comentaba en el punto 1 este tipo de hambre nos ataca y por eso sentimos que la debemos saciar de manera instantánea, en cambio la necesidad fisiológica puede esperar.
4- Por más que nuestro estómago esté repleto si comemos por razones sentimentales tendemos a los excesos.
5- La alimentación emocional puede dejarnos sentimientos de culpa.

Qué es la comida reconfortante

Retomando lo antes dicho en el punto 2, la alimentación emocional se enfoca un plato/alimento particular. Se refiere a comida que una persona ingiere para mantener u obtener un sentimiento. Según el laboratorio de la Universidad de Illinois “Los alimentos reconfortantes están negativamente asociados con malos estados de ánimo, y de hecho generalmente se consume en situaciones de tristeza o depresión, pero también para mantener buenos estados”.

Dieta de emociones

Satisfacer nuestro hambre emocional de vez en cuando no está mal. Los problemas comienzan como siempre con los excesos, cuando se vuelve la única o principal estrategia que una persona utiliza para manejar sus emociones. El problema se agrava si la selección de alimentos no es saludable. Las posibilidades de incrementar la grasa corporal y afecciones como el colesterol aumentan, desencadenando riesgos en la salud.
Los hábitos que creamos en nuestros hijos desde temprana edad marcan su comportamiento, y en este caso no es excepción. Cuando un niño está triste generalmente se lo anima con un dulce, este comportamiento se refuerza con la práctica, se hace hábito y crea adultos incapaces de lidiar con sentimientos de aflicción. O bien a modo de premio, o como calmante para que no llore más.
Aprender a batallar con los sentimientos sin comida es una habilidad a desarrollar.

Cómo identificar los disparadores del hambre

Social: comer para encajar en un grupo, inseguridad ante otras personas, sentirse intimidado, etc.
Emocional: aburrimiento, ansiedad, depresión, tensión, soledad.
situacional:  la oportunidad está presente, pasar frente a un anuncio, por una panadería. Puede estar asociado con ciertas actividades como ver la televisión, ir al cine, etc.
Pensamiento: baja autoestima, sentimiento de impotencia.
Fisiológico: hambre excesivo por saltar comidas, para contrarrestar dolor de cabeza, etc.

Hace unas semanas comencé un tipo de alimentación llamada higienista, esto requirió 4 días de una dieta de limpieza. Las mañanas constaban de agua caliente y jugo de sandía, y durante el resto del día debía ingerir una sola variedad de fruta. Al tercer día moría de ansiedad, pero extrañamente no de hambre. Esta breve experiencia me ayudó a caer en cuenta de las veces que comía solo por comer.

Personalmente pienso que comer es compartir. Desde el nacimiento de los platos, en la cocina cuando los preparamos y los servimos a los seres queridos, para mí, dar alimento es dar amor. Hasta algo tan simple como acompañar una charla con una tacita de café bien caliente. Pero una cosa es disfrutar y tener en claro estas actitudes y otra es rendirse ante la comida o usarla como excusa para no enfrentarnos con realidades que no queremos ver.

Claves para controlarnos

Para tener la capacidad de controlarnos primero debemos tener la habilidad de reconocer un comportamiento no sano.
- La alimentación emocional es una actividad a la cual la gente suele recurrir cuando está aburrida, crear una lista de cosas para hacer cuando sentimos que el hambre repentina nos ataca, y poner en práctica alguna de esas actividades en lugar de comer.
- Prueba salir a caminar, llamar a un amigo por teléfono, ordenar tu área de trabajo, etc, algo que te mantenga entretenido.
- Encuentra una comida reconfortante que sea sana y si no puedes con el antojo la clave no es la eliminación sino la moderación.

La clave es el autocontrol y la moderación, mentiría si dijera que voy a dejar la comida emocional, simplemente porque la comida produce una emoción en mí y disfruto cocinar, comer y compartir, pero todo en la medida justa. Los invito a hacer una pausa y solo pensar antes de abrir esa bolsa de papitas, ¿tengo hambre?

Algunas fuentes de apoyo

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