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Todos los caminos espirituales y de búsqueda por la realización parten de un precepto irrevocable: la esperanza de encontrar aquello que nos haga sentir un ser completo y solidamente estructurado. Muchas veces iniciamos estos caminos a ciegas, sin saber si quiera a donde dirigirnos, sin ni siquiera saber quienes somos y que es lo que realmente estamos buscando.

Anoche tuve la oportunidad de asistir a un festejo de cumpleaños, fue algo muy particular porque se nos pidió que fuéramos disfrazados de algún animal. Encontrar algún animal al cual representar y que a demás que me sintiese cómodo haciéndolo fue un ejercicio bastante interesante. Al final llegué a la reunión convocada como un tigre.  Sobra decir que en aquella fauna interminable se encontraban todas las categorías del mundo animal: aves, reptiles, felinos, caninos, animales exóticos, animales fantásticos, animales del mundo submarino, elegantes, feroces, tiernos, surrealistas, salvajes, peligrosos. Toda una mezcla de personalidades encubiertas en una imagen.  ¿Todas aquellas personas se abran encontrado con el mismo dilema que yo al buscar aquel animal que mejor representara su personalidad?
Después de haber experimentado aquel zoológico me fui a la cama sumamente reflexivo. ¿Si nos cuesta tanto trabajo el encontrar rasgos que asimilen nuestra personalidad, será entonces que en el fondo sabemos muy poco sobre nosotros mismos?

Es ahí de donde parte la reflexión en la que me encuentro hoy. Las religiones o alternativas de formación espiritual que cada uno toma, parte de la decisión que en lo personal tomamos al elegir ese camino, será el resultado de un análisis profundo del porque una u otra se ajusta mas a cada una de nuestras inquietudes y necesidades, y esto a su vez nace de un profundo conocimiento basado en la reflexión de cada uno de nosotros sobre su propio ser ¿estoy en lo correcto?.

Por que  de otra manera ¿cómo decidimos entonces lo que es mejor para nosotros si ni siquiera sabemos “quienes somos nosotros”? La autorreflexión es una practica en algunas ocasiones muy olvidada por los seres pensantes, y es de suma vitalidad para nuestra espiritualidad y la construcción de nuestra personalidad que la procuremos. La pregunta ¿quién soy? Debería de ser el pan nuestro de cada día, cada uno de nosotros es mas que un nombre, somos más que simples gustos superficiales (gusto por comida, preferencias de consumos, los amigos que procuramos) somos mucho mas de lo que hasta ahora cada uno “sabemos” de nosotros. ¿Qué es lo que busco en y para mi vida? ¿Qué necesito para realmente convertirme en aquello que mi ser anhela y debe alcanzar para realizarse?

Estas y algunas otras preguntas son las pequeñas auxiliadoras que no ayudan a comenzar un analizáis personal. Pero mientras no reparemos en esta practica simplemente sentiremos que vamos sin rumbo en un carrera sin sentido en un mundo vacío.  ¿Cómo podríamos iniciar una practica espiritual si no conocemos primero nuestro ser?
Aquel consejo que se nos ha dado de : “No mires para atrás, siempre para adelante” me parece por demás desafortunado. En lo personal creo que es importante el analizar lo que hemos hecho y las consecuencias de nuestras acciones pasadas puesto que nos ayuda a entender el ser que fuimos y que nos llevo a convertirnos en el que somos hoy.

Muchos de nuestros sufrimientos presentes provienen de fracturas pasadas que no hemos superados precisamente por el hecho no mirar hacia atrás y comprendernos. Es un ejercicio importante el pensar en nuestra historia, perdonarnos por las acciones que nos han hecho sufrir y aprender que también en el sufrir esta la llave de la madurez, por muy contradictorio cuando aceptamos y adoptamos el sufrimiento somos dichosos, hemos vencido el ego que nos dice que solamente merecemos ser felices. Cada sentimiento es parte de nosotros, incorporarlos a nuestra vida es parte de conocernos y construirnos.

Conocerse a si mismo es la base fundamental para el entendimiento del funcionamientos del mundo. Siempre estamos en la búsqueda de respuestas, siempre preguntando a otros y decepcionándonos por no encontrarlas. ¿Quieres comprender el porque de tus causas y efectos? Entonces pregúntatelo a ti mismo.

En muchas ocasiones basta cerrar lo ojos para poder realmente ver.

Por Moisés Schiaffino

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