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¿Alguna vez te has detenido a pensar que tu mente no te define y que por el contrario tú eres quien la construye?
No estamos acostumbrados a escuchar acerca de la “educación mental”, en la cual el principio básico es tener la noción de que la mente no tiene vida propia. Nosotros mismos somos quien la vamos construyendo y le vamos dando el poder y sobre todo la responsabilidad de nuestros actos.
Nuestros miedos, nuestras esperanzas, nuestros pensamientos, nuestros sentimos desembocan en nuestras acciones, actuamos conforme “pensamos” sin muchas veces detenernos antes de hacerlo. Pero todos esos sentimientos son elecciones pero es cuando no lo vemos así que toman total control sobre nosotros. Por el contrario deberíamos de poder ser capaces de manejar nuestras emociones. Estamos felices porque elegimos estarlo, tenemos miedo porque elegimos tener miedo, y sobre todo cuando somos consientes de este poder de elección nos liberamos de todo aquello que culpamos al momento de buscar la responsabilidad de las consecuencias de nuestras acciones.
Es muy fácil no hacerse responsable de la mente de cada uno, es muy sencillo culpar a esa “personalidad individual” cada pensamos que vive dentro de nosotros y que es a la que culpamos del porque actuamos como actuamos. La mente ese acervo que archiva toda la información que vamos recopilando de nuestra vida, comienza construyéndose en base a la educación que recibimos desde nuestros núcleos familiares y se va modificando por medio de nuestras experiencias de vida. Pero jamás nos detenemos a cuestionar lo que vamos recabando, a poner en tela de juicio el fundamento de muchas de nuestras acciones, y mucho menos tenemos la conciencia de que si la hemos podido crear, también la podemos modificar.
Hay un dicho que versa “somos presas de nuestra mente” y está completamente lleno de razón. Un primer paso para formar esta conciencia es el identificar que somos cuerpo, espíritu y mente. Que la mente es parte de nuestra constitución pero que no es quien la rige, que puede ser moldeada y educada igual que el cuerpo y que lo que la información que nos hace actuar de determinada manera puede ser modificada para cambiar nuestros patrones de conducta.
Es entonces cuando aprendemos a controlar nuestros pensamientos que somos conscientes del motivo de nuestras acciones. Es entonces cuando dejamos de ser presas de nuestra mente y comenzamos a ser dueños de nuestra propia vida.

Moisés Schiaffino

moy.schiaffino@hotmail.com

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