Home » Bienvenida » El arte de ser NADIE.

 

A las 7 en punto suena la alarma que en seguida nos pone de malas.
Nos tomamos unos cuantos minutos para medio comenzar a realmente dejar el mundo de los sueños y poco a poco ir aterrizando en la escalofriante realidad.

Abrimos lentamente los parpados y en seguida nuestra agenda cerebral comienza a funcionar de manera automática:

15 minutos para bañarse, 15 más para desayunar, 20 minutos mas para vestirnos y 30 minutos para llegar al trabajo. Nuestro cuerpo nos da pequeñas descargas de adrenalina que al ser tan temprano no alcanzamos ni siquiera a digerir e irremediablemente comenzamos a generar estrés.  En nuestra cabeza ya comienza a aparecer la insufrible presión de alcanzar y cumplir con las expectativas que cada uno se ha hecho sobre su propia vida, y que es el motivo por los que todos los días programamos una alarma que nos ayude emotivamente a levantarnos.

Pero sin duda alguna la presión mas grande que cargamos día con día es “EL SER ALGUIEN EN LA VIDA”. La frase que mas hemos escuchado de nuestros padres, nuestros maestros y ¿por qué negarlo? De nuestra propia voz.

Esforzarnos cada paso del camino por demostrarle al mundo entero que “la hemos hecho” que hemos cumplido con los retos del laberinto de la sociedad, que hemos llenado las casillas del juego y que hemos llegado a la meta final: el castillo de la validación externa, ese derecho que nos otorgan de que al fin podemos pensar que todo lo que hemos hecho tiene ahora un sentido. Hemos sobrepasado cada nivel impuesto por los creadores de dicho juego, “somos ahora unos triunfadores”.

Y los objetivos son bastante sencillos (o  mortales según el punto de vista), la base de la pirámide: SER EL MEJOR EN TODO, ser los mejores padres, ser la mejor pareja, el mejor ejemplo, el mejor en tu trabajo, en el gimnasio, en los deportes, o hasta para ser lo peor hay que ser el mejor en ello… es una constante presión la que nos lleva de pronto a pensar que jamás será suficiente lo que hacemos, que debeos ser castigados por nuestros errores, pues el camino parece largo y a veces, las fuerzas y los ánimos no nos alcanzan.

¿En que momento uno tira los dados y avanza a la primer casilla del  monopoly?

En que instante asumimos los objetivos impuestos como propios, y sobre todo lo más grave ¿en que momento uno compra los modelos de sueños que ya nos han fabricados y los asume como propios?
Ser “alguien” (ese que nuestras madres pueden presumir con sus amigas):  primero hay que ser bello, después exitoso que implica tener una buena cuenta bancaria construida a base de haber escalado en el trabajo y haber llegado a ser “presidente” (cuando menos gerente). Tener una pareja que nos equipare el nivel, pasear en un buen coche (andar en camión no es de “alguien bien”) y tener una linda casa, con hijos por supuesto (un matrimonio sin hijos, no es un matrimonio, dicen). Tener trofeos de alguna disciplina deportiva  y por lo menos tener un poco de cultura para que los demás puedan notar que somos “inteligentes”, todo esto coronado con unas hermosas vacaciones esquiando en la nieve.

Esas, las reglas básicas y todas su variantes. Y todos los días es el motivo por el cual nos levantamos: para llegar a ser “alguien”.

¿Y aquellos que no cumplimos con esos estándares, no somos “nadie”?
¿Aquellos que día con día luchan por otras causas diferentes, y que muchas veces distan mucho de ser de la categoría del “reconocimiento social” no son “nadie”?
Aquellos que han descubierto un camino diferente, aquellos que han decidido no subirse al tren de las expectativas ni mucho menos al barco del modelo de vida ya establecido ¿quiénes son?.

Hay personas que sus expectativas van mucho mas allá de una estructura, que han encontrado el significado de la vida y de su realización humana en cuestiones muy particulares y sobre todo personales, y que todos los días gozan de la dicha de no haber caído en una trampa. Hay personas que siendo “nadie” son completamente dichosas al tener la libertad de pensar y decidir sobre lo que quieren para su vida. Que no les importa lo que piensen de ellos y que cuando alguien pregunte: ¿y ese quien es? La respuesta que escuchen sea: -“No es nadie”.

Cierro esta reflexión con una frase de Friedrich Wilhelm Nietzsche, y que dedico a todos los que no son “nadie” en la vida:

“ Y Aquellos que fueron vistos bailando, fueron tomados por locos por aquellos que no podían escuchar la música…”

Por Moises Schiaffino

moy.schiaffino@hotmail.com
moy 180

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