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El sol completa su ciclo del otro lado del mundo y cada día llega el momento de repetirlo de este otro lado también.
La vida despierta poco a poco de ese momento reparador que es el sueño, las aves comienzan a trinar, el cielo se comienza a difuminar de un oscuro a un claro azul y en algunos hogares el olor a café nos despierta. En otros, es una alarma que hemos programado para que suene bien fuerte y en otros tantos, es la voz de nuestra madre la que nos llama nuevamente a resucitar de ese lugar al que nuestras almas viajan para que nuestro cuerpo pueda repararse mientras duerme. Ahí uno de los grandes misterios que ronda nuestra existencia….

Pero independientemente de ese hecho, comenzamos nuestras rutinas: el trabajo, la escuela, las oficinas o lo que fuere que todos los días nos llama a ponernos de pie reclama nuestra presencia. Entre los apretujones del metro o el camión, entre las esperas de cambio de color en los semáforos, o cuando vamos sentados en nuestros coches, entre todo ese ir y venir nunca te has preguntado ¿Por qué hacemos esto todo los días? ¿Cuál es el objetivo de despertar cada día durante el resto de tu vida?.

Muchos de nosotros nos alejamos de esa vida rutinaria para adentrarnos en terrenos espirituales que nos lleven por senderos mas “transcendentes”. Pensamos que el vivir una vida como todos los demás es para personas que no tienen el suficiente criterio para no elegir un estilo de vida “mediocre” y nos dedicamos a los menesteres del espíritu y a develar los misterios de la vida. Pero me imagino que estas personas, así como todos los demás que tenemos ese momento se han preguntado ¿por qué hago esto? ¿Hacia donde espero que me lleven mis acciones?

Personalmente me he encontrado con ambas cara de la moneda, he buscado la respuesta por todos los lugares, y he llegado a entendimientos que jamás pensé que pudiera alcanzar. Me he refugiado en la rutina de una vida ordinaria y me he complicado la existencia con reflexiones sobre espiritualidad y la formación en esta materia.

La vida no deja de asombrarme a cada momento, y a cada momento la jugada cambia dándome la lección más básica de la vida: todo puede cambiar de un segundo a otro.  Experiencias tanto valiosas como otras tantas que me llenan de incertidumbre han acompañado mi andar. Si hoy tuviera que sacar una conclusión de la conjunción de ambas experiencias  sería una tan simple y tan sencilla, que parece absurdo que todo el camino recorrido me haya llevado a ella.
Uno esta aquí para simplemente vivir… para experimentar  lo que ello conlleva.

Sufrir, gozar, reír, llorar, caerse y levantarse. Amar, odiar, soñar y maldecir, abrazar a Dios y después darle la espalda ( y regresar a Él). La soledad, la compañía, el coraje, la rabia, el miedo y la esperanza, entregar el corazón y después repararlo, el decir adiós y después dar la bienvenida a nuevas experiencias. La vida y la muerte.

Hemos nacido para vivir todo ello y el preguntarnos el porque de cada acontecimiento o fenómeno de nuestra vida solamente nos lleva a desvanecer la magia de esas emociones.  Nos lleva a querer correr antes de comenzar si quiera a gatear. El momento llegará en que hemos de entender por qué y el para que del todo, y eso será el parteaguas para una experiencia más grande, mas fuerte, que va más allá de lo que podemos entender en este tiempo y que es la razón del porque queremos alcanzar un conocimiento que nos lleve a querernos brincar el ahora. Pero ese momento es personal, y su tiempo es perfecto.

Hay que dejar que la vida ocurra honestamente, no le dejemos la tarea de nuestro sentido a conceptos como “el destino”, gocemos cada emoción,  cada experiencia y guardémosla en nuestro sistema, pero dejemos que sean honestas, sin sentidos propuestos por nuestra mente, sin conceptos construidos por nuestras paranoias… dejemos simplemente que la vida ocurra y vivamos de ese modo.

Es por eso que este tiempo he dejado de cuestionarme el porque cada día despierto nuevamente, he dejado de torturarme con cuestionamientos que hacen todo mas confuso y más complejo. Ahora simplemente dejo que cada cosa, y cada momento sea, y continúo caminando disfrutando de ello. No busco sentidos ni propongo reflexiones… al final todo parte de mi experiencia y mi consciencia, no es la verdad universal, lo que es universal es la vida y la emotividad en ella, todos sentimos las mismas cosas, todos somos capaces de ser lo mismo.

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¿Qué para que estamos aquí?

Para vivir… que al fin de cuentas, sea lo que sea que hayas sido en este mundo, terminaremos cruzando la misma puerta. ¿Hacia donde? Ya lo sabremos… pero el primer paso hay que darlo bien seguro, no sea que no lo hayamos dado bien y tengas que volver a darlo.

Mucho corazón para todos. Sean lo que quieran ser pero que sea con toda la fuerza para que, antes de irse  no se arrepientan por no haber vivido lo que tuvieron que haber hecho.

Por Moisés Schiaffino

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