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Una de mis grandes pasiones es el escribir cuentos que contengan reflexiones humanas.
Hoy me gustaría compartirles uno que en especial le tengo mucho aprecio y que habla sobre la espera, la esperanza y las grandes sorpresas que nos da la vida en los momentos en que uno menos cree.
Espero que lo disfruten.

 Chica Bomba.

322, 297, 920,000  eran los segundos que marcaba el reloj con el que nació en la nunca. Los doctores que atendieron el parto recibían esta inolvidable sorpresa al sacarla del vientre de su madre quedando en shock y en completo desconcierto. En un rápido análisis del caso ,extraerlo para estudiarlo con mayor detenimiento parecía la opción mas elocuente, pero con las primeras exploraciones superficiales se dieron cuenta de que estaba demasiado encarnado y era muy riesgoso el querer extirparlo.Y así comenzó todo, en cuanto le dieron esa ridícula nalgada, el reloj se activó comenzando una cuenta regresiva perfectamente sincronizada con el primer chillido que la infanta soltó.

Para sus padres era un asunto muy duro de asimilar, esta peculiaridad en su pequeña les carcomía los sesos noche y día pues trataban arduamente de encontrar una explicación razonable para tan impactante fenómeno, pero al pasar de los años solamente se toparon con una angustia en la que se les hundía profundamente el corazón. Parecía como si el tiempo se agotara, como si ella hubiese nacido con la vida marcada, cada numero de ese maldito contador les recordaba que se acercaban más y más a una recta final o lo que fuese que fuera a ocurrir.

Exactamente 28 años, la cantidad de segundos en total, algunos de ellos en plena soledad, ese maldito tick tack que se escuchaba en la mente de las personas cuando se sugestionaban al ver ese contador fue el factor determinante que la mantuvo rezagada y lejos de toda convivencia humana. ¿Cómo no huir? ¿Quién no le temería a una chica bomba?Al menos ese fue el rumor que se esparció, estaban completamente convencidos de que en cualquier momento explotaría. Esto, terminó pensándolo ella también.

En la escuela, los demás compañeros no reparaban en expresar cuanta broma les inspiraba la pobre chica. Durante los recesos trataban de todas las maneras posibles de hacerla enojar en la espera de que la detonación ocurriese, no les importaba el dolor que le causaban, siempre esperaron ver el gran estallido. Cuando su madre ya no pudo manejar la situación, hizo lo único que se le ocurrió: la escondió del mundo, tenia pavor de que  realmente fuera a explotar, pero sobre todo, tenia pavor que fuese a lastimar a los demás.

Desde entonces la chica bomba vivió apartada de todo aquello que pudiese detonar aquel estallido: un abrazo fuerte, el golpe causado por un tropezón ó el roce de la gente, para sus padres y para el resto del mundo excluida estaba mejor. Ella por su parte, creía todo esto ridículo, pensaba que si de ante mano tenia el tiempo contado, nada malo ocurriría mientras este trascurría, mientras que el reloj no llegará a cero entonces nadie tendría la certeza de lo que ocurriría ¿Por qué preocuparse ahora?

Hubo dos cosas que marcaron su vida: una, fue el cabello largo que la madre la obligaba a llevar para ocultar su nuca, esto le daba seguridad, en el fondo también tenia miedo a explotar antes de tiempo, tenia pavor a hacerle daño a los demás, se llenaba de horror al pensar en llegar a cero y ocultar su realidad ayudaba en ciertas ocasiones. La segunda, fue el día que tomó unas tijeras y se lo cortó. A sus 24 años, sintió que ya había temido demasiado y, a sabiendas que aun le quedaban 4 años para la catástrofe, sin importar lo que fuera a encontrar ó que esto la fuera hacer estallar, decidió abrazar su maldición.

Transcurridos los últimos años, ha llegado el día en que el reloj dibuja el numero 86,400… No sabe que pensar, no sabe que hacer, no sabe como recapitular todo por lo que ha pasado, el tiempo se agota ¿a dónde correr? ¿dónde será un buen lugar para explotar? ¿qué es lo ultimo que quiere ver de este mundo?.

Se van yendo las horas, se van yendo los minutos, quedan 3,600 de esos malditos segundos, se sienta en el borde de un lago al que la han llevado sus padres, los únicos con los que cuenta incluso en este terrible momento. Está ahí esperando, pensando lo que se perdió, lo que no sintió, de lo que la privaron y de lo que ella misma se escondió.  Tiene la mirada perdida en esos enigmáticos reflejos que se producen en la superficie del agua, es un atardecer excepcional y unas primeras estrellas se atreven a dibujarse en su mirada, suspira aliviada de que no haya nadie alrededor a quien lastimar…

… 10, cierra los ojos..

…9, aprieta las manos…

…8, Abraza las rodillas contra el pecho…

…7, – ¡Qué lindo día! ¿No te parece?- se escucha una voz.

…6, ¿Hay alguien ahí? De golpe abre los ojos…

…5, mira a un chico al lado de ella.

…4, – Deberías ajustar la hora de tu reloj, esta equivocada.- Dice el chico sonriendo…

…3, – ¡ALEJATE! ¡CORRE! – Grita ella desesperada al momento que se incorpora de pie…

…2, ella comienza a alejarse…

…1 – ¡Espera! – él le toca el hombro y este gesto hace que ella se detenga. Siente su mano, es muy calida…

… 0.

 

Por Moisés Schiaffino

moy.schiaffino@hotmail.com

Moy

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