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¿cuántas veces nos hemos encontrado formulando esta oración después de que algo aparentemente “inexplicable” ha ocurrido en nuestra vida? Pero en verdad ¿todo pasa por algo?
El ser humano necesita de la lógica para poder discernir su vida, no estamos preparados para enfrentar y mucho menos para aceptar que hay cosas que no podemos comprender, porque aun a pesar de ello las significamos con conceptos que nosotros mismos hemos creado para darle entendimiento absoluto a todos los fenómenos que tienen presencia en nuestra existencia. Es decir, aun para aquellos misterios que no hemos podido revelar existen categorías para poderlos archivar, categorías como: “divino” “paranormal” “enigma” o “esotérico” cuyas definiciones o ideas ya llevan implícitos ciertos parámetros que sí alcanzamos a asimilar.

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Necesitamos que cada evento ocurrido tenga una explicación, lo mas curioso es que sorprendentemente esas explicaciones, que solemos concluir por nuestra cuenta, siempre terminan siendo provechosas para cada uno de nosotros (porque corresponden al deseo personal de merecer una vida dichosa). En las situaciones que nos dan felicidad y aun en las situaciones dolorosas la frase “todo pasa por algo” logra validar nuestros pensamientos acerca de que nuestra vida esta regida por algo que no podemos controlar, una fuerza mas allá de nuestra voluntad y nuestras acciones, algo que hemos llamado “destino”. Esa fuerza desconocida que creemos que obra sobre los hombres y los sucesos. Entonces nos encontramos con la gran paradoja de nuestro actuar humano: necesitamos una explicación lógica para poder asimilar todo lo que ocurre en nuestra vida que responde a la necesidad de tener el control de la misma, pero al mismo tiempo le damos toda la responsabilidad de los acontecimiento a una “fuerza desconocida” de la cual somos victimas sin poder hacer nada al respecto y de la que sufrimos las consecuencias de sus planes.

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No nos importan los acontecimientos, la esperanza de que las consecuencias de estos son producto de un plan maestro que no esta en nuestras manos, nos reconforta y sobre todo nos expía de la responsabilidad de nuestros actos. Muy a pesar nuestro, la gran mayoría de los acontecimientos que ocurren son consecuencia de nuestras acciones, pero hay que tomar conciencia de ello. El concepto de un destino del que no tenemos control es solamente una excusa para no tomar parte de esa responsabilidad, es muy cómodo el creer que todo lo que pasa, o todo lo que pasará, ocurrirá porque es parte de un plan ya trazado y que podemos instalarnos en una holgura a esperar que esto suceda, al fin y al cabo “ si tiene que ser, será, no importa lo que haga o no”.
Vivir en esta ignorancia nos lleva a creer lo que queremos creer, no lo que realmente es. Nos llenamos de explicaciones para que nuestra vida sea lo que queremos o quisiéramos que fuera. Hay un infinito de posibilidades del porque los eventos ocurren, ¿por qué escoger uno en lugar de los demás? Eso corresponde a los deseos que cada uno alberga en su interior. Pero son precisamente aquellos que corresponden a lo “inexplicable” los que se convierten en nuestros argumentos favoritos.

Somos seres complejos que no se conforman con argumentos simples. Necesitamos que todo lleve un significado, necesitamos que todo vaya mas allá de un simple “es porque es”.
Hasta para lo inexplicable hemos elaborado conceptos comprensibles, ¿no será esto una consecuencia de nuestro gran ego de querer controlarlo todo?

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Creo firmemente que hay cosas que no deben ni tienen porque tener una razón o una explicación, ni para bien ni para mal; que hay causas o eventos que van mas allá de todo esto y que simplemente “son”.
Cuando logremos desarrollar esta virtud del “dejar ser” comenzaremos a experimentar lo que se llama “desapego”, pues no viviremos estacionados en el encontrar los motivos de cada evento que ocurre, si no que simplemente nos dedicaremos a construir y a seguir un camino hacia la realización personal, ya que el comprender que hay cosas que no podemos entender nos quita la responsabilidad autoimpuesta (y soberbia) de ser los maestros del universos, pero nos da la gran ventaja de ser la fuerza constructora de nuestros propios destinos.
“Tu eres lo que tu deseo mas profundo es.
Como es tu deseo, es tu intención.
Como es tu intención, es tu voluntad.
Como es tu voluntad, son tus actos.
Como son tus actos, es tu destino.”
– (Extracto de los Upanishad).

Moisés Schiaffino
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